De Cuatripartitos y Basílicas en el s.XXI

Señalar que El Waspmen Carretero me lo ha puesto en bandeja. Anótenle por tanto la asistencia en su haber.
Y en segundo lugar le piso los talones porque no quiero publicar esto tras perder en Pamplona y que suene a oportunista. Pase lo que pase allí, lo que aquí sea será igual.
Y ojalá Pamplona sea el punto de inflexión y acabemos la racha.

De Cuatripartitos y Basílicas en el s. XXI.

Cuando campa el desconcierto entre la tropa amarilla y el discurso se enquista, llega el momento de encender algún cirio. Tanto para rezar ante lo desconocido, cómo para vislumbrar algo entre tinieblas.

El silencio de los Emperadores alimenta la negra rutina. La gente no acierta a comprender una dirección atenazada y sin muestra de reacción. Aunque cierta afición sospeche que se trata de la calma ante la tempestad.

Es ésta, sin quizá, la única aldea en la que a finales del siglo XX se ha inaugurado y terminado una Basílica en el llamado mundo occidental. Puede, sin duda, que los niveles de fe sean ya diversos, pero también sin duda, mas allá de fe hay cosas intocables.

Las modas políticas hacen extraños compañeros de cama, pero lo que mejor entiende la gente son las “capillitas”, no en balde tenemos casi tantas como tabernas en la aldea.

Y ahí radica el conflicto. A alguien se le ha ido la cosa de las manos y tenemos el síndrome de las “capillitas” instalado donde no debería.
Los “ańejos”, los “samba”, los “verano azul”, y los “perdidos en Alaska”.
Un cuatripartido bajo el duopolio de los “atacaos”, que además ya sufren alucinaciones a la menor pesadilla. Buscando culpables bajo los armarios a la mínima que el juntaletras oficial mete la gamba una vez más.

Eso si, un ala dura se convierte en tripartido y ha decidido transmutare en “servicio de habitaciones” para arreglar cama a cualquier hora del día o de la noche.

Todo eso nos da mas frentes abiertos que el Tercer Reich en lo más álgido de su avanzada. Solo que nosotros andamos mucho más dispersos y el zorro del desierto se ha hecho Tuareg.

Desconcierto, falta de concierto, falta de melodía, la orquesta no suena, no afina, no tiene buenos músicos y los regulares no se bastan para arreglar el resultado. Batuta?, batuta?… Quién lleva la batuta?…
Será acaso la Primera vez que a la batuta le tiembla el pulso?.
No, no puede ser.
…O por ser no?.

Pd: ah! Y a todo eso que el enroque protegido hace que la táctica del 9, única salida digna para todo, se complique y se dilate.
…hay amistades que matan.
Que se lo digan a los doble cero. Never say Never more.

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