Garrido destitución: ¿si o no?

¿Debería ser cesado Juan Carlos Garrido como entrenador del Villarreal? Este es el tema de moda en estos momentos entre la mayor parte de la afición amarilla. Después de la derrota ante el Granada las redes sociales echaban humo mostrando un descontento latente. Un malestar que no es nuevo y se remonta a tiempo atrás. Analicemos entonces si realmente hay motivos o no para apoyar el cambio de entrenador.

Sería de necios no reconocer que durante la gestión de Juan Carlos Garrido han habido algunas luces. Uno de los mayores puntos a favor ha sido su factor psicológico como motivador. En varias entrevistas se le ha visto bastante interesado en como motivar a su plantilla, citando incluso libros relativos a dicho campo. El resultado de esta faceta se ha visto alguna vez reflejado en el campo, por ejemplo en el descanso del partido de vuelta Copa del Rey de la temporada pasada ante el eterno rival regional, el Valencia CF. El Villarreal perdía la eliminatoria por un claro 0-2, con error de Juan Carlos incluido, no se encontraban soluciones, pero después del descanso, los jugadores salieron enchufados de los vestuarios y consiguieron remontar la eliminatoria. Quizás este factor, digamos emocional, ayudó en gran medida a ir superando duras eliminatorias en la Europa League hasta llegar a semifinales.

También sería de recibo reconocerle el buen juego que ha llegado a realizar el equipo en algunas ocasiones sobre todo durante la primera parte de la temporada pasada. Había calidad de sobra en el equipo, y se consiguieron encadenar buenas rachas de resultados. Pero…¿a costa de que? Garrido disponía de una plantilla corta con muchas incorporaciones del filial. Su misión era en teoría saber conjuntar a estos jugadores para hacerlos jugar como equipo. Tenía un grupo de 11,12,13 jugadores que lo jugaban prácticamente todo, los cambios en los partidos eran a partir del minuto 80, y las alarmas de algunos aficionados comenzaron a encenderse. Los jugadores acabarán la temporada fundidos, comentaban algunos visionarios. La gente pedía que se repartieran minutos entre el resto de la plantilla, sin embargo, se apostaba siempre por los mismos jugadores. Requerido por estas inquietudes, el entrenador manifestó en su página web a finales de Septiembre de 2010: “No soy muy partidario de hacer muchos cambios…y sí de dar continuidad y confianza a una base…aunque está claro que debemos hacer la base amplia e ir metiendo gente en la buena dinámica”. Traduciendo, que mientras los titulares aguantaran el tipo seguirían jugando. Y así fue avanzando la temporada, hasta que llegó un momento, que como era previsible, la cosa se comenzó a torcer. Ángel y Gonzalo se lesionaron gravemente, Capdevila después de jugarlo todo durante cuatro años dijo basta, Marchena y Nilmar también tuvieron que dejar momentáneamente paso a los suplentes. Sin embargo, el hecho de que estos jugadores reserva apenas habían tocado pelota durante el año, hizo que la mayoría de ellos no respondiera con las expectativas creadas, les faltaba ritmo de partidos. La no-rotación de la plantilla comenzó a pasar factura durante la segunda vuelta, realizando unos números bastante desastrosos. Se llegó bastante justo al final de temporada, ya que unas jornadas más de agonía hubieran costado sin duda los puestos europeos. En definitiva graves errores administrando la plantilla.

Esa segunda vuelta de campeonato dejó a su vez muchas carencias y problemas al descubierto que se arrastran hasta nuestros días: graves errores a la hora de planificar la táctica y la estrategia de partidos, derrotas importantes en encuentros clave con goleadas en contra incluidas, jugadores fuera de forma, estilos de juego defensivos con planteamientos muy poco valientes, disputas personales con jugadores, posiciones extrañas de jugadores dentro del campo, cambios extraños, números bastante pobres de los partidos de 2011, creciente número de seguidores en contra de la gestión del entrenador, etc. Es difícil poder abarcar todas estas cuestiones en un sólo artículo pero intentaremos dar unas pequeñas pinceladas.

Fueron bastantes los partidos en los que la batalla técnica en los banquillos fue ganada por el entrenador rival. Las defensas de tres eran la asignatura pendiente del técnico, y tardó muchos partidos en conseguir reaccionar ante esta variación táctica. Equipos como Deportivo o Levante consiguieron aprovecharse de esto. Otras batallas tácticas perdidas se vieron en los partidos claves perdidos por goleadas (Valencia, Oporto, Barcelona este año) o incluso baños de juego como el que vimos ante el Bayern Munich en la Champions de este año. Podríamos seguir comentando aspectos tácticos pero podría volverse demasiado farragoso y pesado para el objetivo de este artículo.

Una de las actitudes que más ha ido molestando a gran parte de la afición amarilla ha sido el lento pero constante proceso de “barraquerización” que ha ido sufriendo el equipo. Primero se comenzó con cambios ultra-defensivos para defender resultados atrincherados atrás. Incluso se llegaron a ver a jugadores como Catalá o Mario jugando prácticamente de extremos, mientras unos segundos laterales les cubrían las espaldas por detrás. Después Marchena comenzó a hacer acto de presencia, cada vez de manera más habitual, en el centro del campo del Villarreal. En algún partido salió bien, pero fueron muchísimos más en los que el tiro salió por la culata, resultando en estrepitoso fracaso. El punto álgido de este nuevo estilo que pretendía inculcar Juan Carlos Garrido llegó ante el Barcelona y el Bayern en esta temporada llegando a salir al campo incluso con tres medios de carácter defensivo, cuyos resultados acabaron nuevamente en fracaso absoluto. La hinchada, acostumbrada al juego de ataque y a la posesión del balón observaba estupefacta como se iba destruyendo esa esencia de juego que tanto tiempo había costado construir. El espíritu de Irulegui planeaba nuevamente por El Madrigal, un espíritu que en su día podía ser comprensible dada la calidad de aquellas plantillas, pero que hoy en día no podía tener cabida en un Villarreal acostumbrado a codearse con la élite.

La racha de partidos que lleva el equipo con resultados adversos es realmente preocupante. Tan preocupante que otros entrenadores con esos mismos números han sido destituidos. Por ejemplo, si tomamos como referencia los últimos 20 partidos de liga, podemos observar que Garrido lleva incluso peores números que su antecesor en el cargo, Valverde. Además si tomamos los datos de 2011 vemos como el Villarreal es uno de los equipos más goleados y con menos goles a favor de toda la Liga. Una dinámica claramente bajista y bastante peligrosa. Siete partidos consecutivos en Liga sin vencer hasta la victoria del pasado Martes ante el Mallorca. Un Mallorca, recordemos, que ha tenido un inicio liguero bastante penoso, y cuyo único gol en el campeonato ha sido anotado casualmente por Jonathan De Guzmán. Por no hablar de los datos del equipo en los partidos de fuera de casa. Números que sin duda inquietan a un más a todos los groguets. De todas formas, no se trata de una cuestión de números, se trata más bien de sensaciones, y la sensación reinante es negativa, demasiado.

También existen rumores entre la afición de la posible falta de “feeling” del cuerpo técnico con algunos futbolistas. Es vox populi que jugadores como Matilla, Capdevila, Joan Oriol o Jefferson Montero han tenido encontronazos con el entrenador. Incluso el ecuatoriano ha llegado a dejar algún recadito por Twitter. ¿Es posible que hayan más jugadores en la plantilla que han dejado de confiar en el entrenador? Más que posible sobre todo si tenemos en cuenta el agrio carácter del entrenador. Tener la confianza de los jugadores de un equipo siempre es clave para el éxito de este, y si no la tienes, es muy difícil trabajar con ello. Se dice que a Valverde le pusieron los jugadores la famosa “cama” para echarlo, ¿quizás Garrido se aprovechó del repunte del equipo en cuanto el extremeño abandonó el submarino hasta llevarlo al séptimo puesto? Sería entrar ya en arenas movedizas y muy libre a la interpretación, sin embargo sería un debate interesante. Juzguen ustedes mismos. Sobre este asunto aún queda una pequeña reflexión, sabemos que una de las principales virtudes de Garrido es el trabajo psicológico de motivación con los jugadores, pero, ¿a que equivale ese trabajo si tu grupo no confía en tí? Seguramente a una cifra cercana a cero.

Quizás todo esto pueda llegar a servir como explicación a que una gran parte (seguramente una mayoría) de El Madrigal pida la destitución de Garrido. No por pedir un cambio de entrenador se deja de ser menos groguet, al contrario, puede que el exceso de corporativismo que profesan algunos pueda ser más perjudicial para el equipo de lo que parece. ¿Si fueseis presidentes de una empresa, querríais que vuestros consejeros os dijeran que si a todo, o por el contrario preferiríais que dijeran ciertas opiniones que aunque no concuerden con lo que teníamos pensado, puede que fuera más beneficioso para la entidad? Lo que si es un hecho es que la afición amarilla está muy cercana al límite. Tan cercana como un partido de distancia. Ya se oyeron bastantes pitos en el partido ante el Mallorca, incluso se llegaron a sacar algunas pancartas. La gente ya no está por la labor de seguir perdonando al técnico y en cuanto este tome una decisión que no sea del agrado del público, este estallará. Es una situación límite, para la afición el crédito de Garrido está agotado. Resultados y sensaciones que deja el equipo desde hace bastante tiempo lo sentencian. Y lo peor de todo, ahora Garrido actuará coaccionado cada vez que se siente en el banquillo de El Madrigal, más pendiente de no tomar una decisión que pueda enfadar a la grada que de preocuparse por el partido. ¿Realmente si no hubiera esta tensión Marchena se hubiera quedado en el banquillo durante todo el partido ante el Mallorca? La sensación que dejó Garrido con el planteamiento y los cambios ante el Mallorca fue buena, pero también queda el sabor agridulce de que esos planteamientos vienen derivados de un temor ante posibles represalias.

En conclusión, por todo lo expuesto anteriormente, está claro que seguir alimentando esta agonía no tiene sentido. Cada semana más con Garrido es una semana menos de margen para la recuperación del equipo. Ojalá el entrenador cambiara la cara al equipo y comenzara a ganar partidos. Ojalá Garrido consiguiera volver a hacer jugar al equipo como lo hacía en otras épocas ya lejanas. Pero de momento hay pocas señales de solución y lo más lógico apunta a cambio de entrenador. ¿Cuánto aguantará Garrido con la afición y parte de la plantilla en contra?

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